Buscar este blog

jueves, 9 de diciembre de 2010

Personaje de explosión



                                                                                                                        A Paloma.



Conocí a la mujer normal pero yo le digo Mujer Conejo. Nos cruzamos y debimos dejar en claro que nos volveríamos a ver, porque andaba sin prejuicios  creyendo en esa teoría del tiempo revelándose a los hechos , y yo dejo de ser yo pera ser él, o tú. El Hombrecito de verde que camina y conoce, se cruza con esa chica y le dice que ella es la escogida, afirma que se encontrarán en tiempos oscuros, como premeditados para cubrir el aparente secreto que ha surgido entre ellos, encerrado bajo la “insoportable levedad del ser”. Son fortuitas las veces que ellos ejercen complicidad con los aires inhumanos pasando por el carril de lo que debería ser pensamiento, la Mujer Conejo parece mirarlo desconfiada y da vueltas a su alrededor, como perdiéndose en una sensible reflexión. Desconozco mí inclinación por cumplir la constitución del Insecto Voraz, debo revelarme y enfrentar al Insecto, vencerlo omitiendo cosas evidentes, decirle que ella es metáfora para mi, que me interesa de un modo sin nombre y no te corras con tus orejas largas, sólo quiero verte y pasear por tus increíbles construcciones. Las he visto.
El Hombrecito de verde ha quedado maravillado con la más escalofriante belleza, cosas nuevas en la Mujer Conejo; se pierde a veces intentando verla, sólo mirarla escondida bajo un árbol, riendo y revolcándose en el pasto, él no le haría daño pero ella no lo sabe. Entonces sí podría verla de cerca, convencerla con sus explicaciones, decirle que  tiene una belleza extraña, por eso le gusta mirarla; que parece sacada del mundo de un libro y puesta en  lugar exacto para que él la pueda conocer. Conocer suficiente, imaginar volver a presenciarla y ella mirarlo, sonreír, conversar de la vida que no importa ya, repetirlo siempre; aceptarlo en su mundo la muy buena Mujer Conejo que decide no correr la próxima vez, confirma estar dispuesta a enfrentar la fuerza de sentirse acechada. Hombrecito de verde perdió la fe, el tiempo, y puede ser él quien adquirió la habilidad de arruinarlo todo para mantener la estabilidad de una tercera actividad, a veces importante. En el bosque, Mujercita esperaba la asidua visita y Hombrecito llegaría ratos después, según contará más adelante, ella lo mira y no corre, se acercan despacio, la distancia es centímetros.
Qué reglas y qué correctas conjugaciones. ¿Ah?
El Hombrecito verde explotó. Lo vieron riendo un rato y luego  acarició la cara de Mujercita que temblaba, le explicaría entonces las cosas, hablarían de secretos y ya no miedo, sólo quiero mirarte, me conformo con eso; y justo ¡no!, porque Hombrecito explotó. De su cuerpo debió brotar esa ruina, que construyó y usó hiriendo a la Mujer Conejo. Qué pudo hacer, una costumbre es una costumbre y debía explotar, dejarla sola y no aclararle nunca las estupideces. Sobrevivió él y Mujercita permanece creyendo que quiso hacerle daño. No se irá ella, seguirá sentada esperando el curso de su vida y  Hombrecito estará mirándola bajo el puente, esperando que ella le de otra oportunidad, y decirle que ha evadido la habilidad de arruinarlo todo, nunca más, ha perdido la capacidad para lograrlo. Mujercita deberá creerle y sonreirá sentada en el piso, con largas orejas blancas y su suave cuerpo, regresará de la ducha y sentirá otra vez explosión en su cama, justo a la hora de acostarse. Se desintegrará todo y será ruinas pero el Hombrecito verde convencerá a Mujercita que de ahora en adelante sólo la verá dos veces por semana. Él escapará por la ventana y ella dormirá en el suelo hasta que regrese mamá con las cosas para el desayuno de su cumpleaños, justo la estrofa que nunca terminó de escribir.